viernes, 15 de mayo de 2009

PERFIL mayo 2008 - Magdalena

domingo
Reportaje a Osvaldo Salomón
“¡No somos oligarcas ni terratenientes!”
Es el intendente justicialista del pueblo santafesino de Chabás y uno de los 200 que aceptó dialogar con el vicepresidente Cobos. Sin pelos en la lengua, critica fuertemente lo que el Gobierno hizo con el campo. Y explica lo que para él fue un desastre económico para los pequeños productores, con números y datos concretos. Desilusionado, pero insistente.
Por Magdalena Ruiz Guiñazu

Peronista. Salomón siente una desilusión “muy grande” y mucha angustia por la forma en que la administración kirchnerista trató al campo en los últimos tiempos.Es intendente de Chabás, al sur de Santa Fe, desde 1999, y llega a Buenos Aires junto con otros 200 intendentes santafesinos, con motivo de la convocatoria del vicepresidente de la Nación, Julio Cobos. El conflicto entre el campo y el Gobierno nacional ha hecho surgir, en cien días, un mundo muy especial, como lo es el del interior del país.
—Tenemos un régimen particular en Santa Fe –explica Osvaldo Salomón–, único en la Argentina, que, por una reforma constitucional de 1964, divide en tres categorías las intendencias de esa provincia. En primer término, figuran Santa Fe y Rosario. Luego, las localidades con más de 10 mil habitantes, y por último, las que tienen menos de 10 mil. A nosotros se nos llama “jefe comunal”, y tenemos un mandato de dos años. Yo he pasado ya por cinco elecciones. La última sin lista de oposición, pero ya antes había sido diputado y senador por el justicialismo.
—¿Cuántos habitantes tiene Chabás?
—Cerca de 9 mil. Es una localidad agroindustrial. La soja es su principal producción, a través de 30 mil hectáreas productivas, que significan alrededor de 100 mil toneladas de soja en la última cosecha. Es decir –y el tono calmo y sereno de Salomón se anima súbitamente–, que esto significa más de 25 millones de dólares para el Estado en concepto solamente de retenciones. Tenemos un presupuesto de 8 millones de pesos, o sea, prácticamente el 10% de la cifra que aportamos. ¡Y es bueno aclarar que es un presupuesto en el que no hay un solo peso de las retenciones! El presupuesto tiene que ver con la coparticipación del impuesto inmobiliario que nos manda la provincia, la patente de automotores, etcétera. Y con la recaudación de la tasa comunal y derecho a registro de inspección de los tributos locales. Así se conforma el presupuesto de la comuna de Chabás. Y se lo explico para que no queden dudas.
Hay un sereno enojo en sus palabras, y mientras habla recordamos que esa localidad tuvo su origen en cuatro estancias colonizadas por vascos franceses. Incluso, Chabás era el apellido de uno de ellos. En 1948, a raíz de la Ley de Aparcería, promulgada por el general Perón, empiezan a dividirse los campos y los arrendatarios de la tierra se hacen propietarios de los mismos. El resto del proceso lo hace la herencia, la transferencia de los productores a sus hijos y nietos.
—¿Por eso está tan subdividida la zona?
—Por supuesto. Mire, cuando al campo le va bien, como en estos momentos, la actividad económica de los pueblos del sur de la provincia de Santa Fe (y algunos de Córdoba) se descarga íntegramente en Rosario. Ahí se genera una movida económica impresionante. El boom de Rosario se explica por el boom del campo, pero con una característica: hemos comprobado que, en los tiempos de crisis, la ciudad y la región que más caen son Rosario y su entorno. En cambio, en los tiempos de bonanza, la que más crece es Rosario y su región. Lo hemos demostrado estadísticamente con los índices de desempleo y de crecimiento económico.
—Entonces, ¿la protesta de las últimas semanas está encarnada por los productores con un promedio de 70 hectáreas por cabeza?
—Absolutamente. ¡Por eso es absurdo calificarlos de oligarcas, de terratenientes o de pools de siembra! Tienen una característica que se conoce poco, y en la que las entidades agropecuarias tampoco han insistido. Le explico: el contratista rural es, en general, el hijo del productor agropecuario, al que, como se le va achicando el campo, tiene que salir a buscar nuevos horizontes. Tiene que comprarse el tractor, la cosechadora, el acoplado monotolva, la camioneta, la casilla en la que duerme cuando sale a sembrar o a cosechar. En fin, sale a trabajar campos. Puede hacer tanto siembra como recolección o directamente alquilar campos para trabajar. Para que esa gente hoy obtenga una determinada rentabilidad, tiene que trabajar en alrededor de mil hectáreas, por lo menos.
—¿Cuánto se paga de alquiler por hectárea?
—Entre 15 y 20 quintales, sólo de alquiler. Entonces, con la famosa Resolución 125, se nos vino encima el drama de que, cuando se siembra la soja, estábamos con un 27% del valor de las retenciones. La soja se siembra en octubre. Le explico que el año anterior fue muy bueno en lluvias. Teníamos entonces buena base para sembrar. Pero también me detengo para recordarle que el campo tiene grandes riesgos. Durante más de un mes estuvimos en Santa Fe con una inundación justo en el momento de recolectar la cosecha, y muchos rindes cayeron por eso. Pero, al mismo tiempo, dejó una base hídrica que permitió sembrar bien el trigo, la soja y el maíz... ¡Pero hablemos de la soja, que es el núcleo del problema! Como le estaba explicando, sembraron con una retención del 27% (o sea que, de cada 100 quintales o de cada 100 toneladas, el Gobierno sacaba 27). En las elecciones, Cristina Kirchner ganó en todo el interior de la provincia de Santa Fe y perdió muy lejos en Rosario y en la ciudad de Santa Fe. Prácticamente, la elección fue un empate técnico. ¡Cristina le ganó por un punto a Elisa Carrió! Y esto ocurrió gracias al interior. Sin embargo, ya había una fuerte desconfianza entre los productores, porque corría una versión sobre el aumento de las retenciones. Desgraciadamente, esto se confirmó. ¡A los 15 días de las elecciones nacionales, en noviembre de 2007, aumentan las retenciones al 35%! ¡De cada 100 toneladas, el Gobierno se quedaba con el 35%!...
Con mucho apasionamiento, el intendente Salomón explica cuál es el cuadro de situación:
—Técnicamente, se ha avanzado muchísimo –reitera–. Por ejemplo, la genética muestra un gran progreso. La famosa soja resistente al herbicida que, en cambio, elimina todos los yuyos que puedan dañarla. Se produjo incluso una discusión en la Comunidad Europea, porque algunos decían que el herbicida era tóxico, pero más bien fue un conflicto entre los fabricantes. En resumidas cuentas, todos lo compran. Especialmente los chinos. Volviendo a los números: mientras esa soja está creciendo, le aplican el 35%, y cuando la van a cosechar (porque los ciclos son más cortos), ¡se la pasan al 44%! Y hoy ya está en el 47%. O sea que aquel que compró una máquina (especialmente el contratista o el productor que hizo una inversión), como una cosechadora que vale 200 mil dólares o un tractor que, como mínimo, está en los 60 mil dólares, compra en cuotas con planes-soja. Para que tenga una idea, ¡una cubierta de cosechadora vale 10 mil pesos, y una cubierta de tractor 6 mil!... Tanto para darle algunos números estimativos. ¡Pero cuando a ese productor le sacan un 47% de soja, le están quitando la capacidad de pago! Vamos a tomar 100 quintales de promedio: si el Gobierno le saca 47, el productor gasta alrededor de 20 en sembrar y en herbicidas y cosechar, y otros 20 en alquilar. ¡Le queda, entonces, una rentabilidad de menos de 20 quintales! Además, tiene que pagar las cuotas...
—¿Cómo encuadraría usted, entonces, a los que estaban en las rutas?
—Fundamentalmente, los padres y los hijos. Los hijos que hicieron las inversiones y los padres que quieren ayudarlos. Muchos, como le expliqué, votaron al actual Gobierno.
—Pero, intendente, usted me dijo que fue diputado y senador por el justicialismo, y también como intendente representa a ese partido. ¿No es una desilusión muy grande el haber creído en este Gobierno? El conflicto, hoy, es entre el campo y su partido...
Salomón hace una pausa, y responde:
—Sí. Una desilusión muy grande –se hace de nuevo un largo silencio–. En realidad, hemos vivido todo este proceso con mucha angustia, por lo que ha generado en nuestra zona. Es increíble pensar que nosotros, en febrero-marzo, con pleno empleo, pidiendo a la gente que viniera a trabajar a Chabás, esa gente radicándose en pueblos vecinos porque la capacidad inmobiliaria de Chabás estaba agotada, nos encontremos ahora en esta situación. Fíjese que en todo lo concerniente a la construcción (albañiles, gasistas, plomeros) había largas esperas. ¡Incluso si alguien quería arreglar el baño de su casa sabía que tenía que esperar turno durante tres meses! Los buenos operarios no tenían tiempo libre. Usted iba a comprar un auto y también tenía que esperar seis meses, ¡y ni soñar con elegir el color! Lo mismo pasaba con los implementos agrícolas. También los transportistas estaban invirtiendo en camiones, porque vislumbraban una muy buena cosecha y sabían que además eso podía dejarles un rédito interesante. ¡Todo eso se ha caído como un castillo de naipes!
Hay un desolado silencio en la mesa de café.
—Y nosotros –retoma luego–, que habíamos optado... Le explico: el justicialismo tenía varias propuestas, pero habíamos optado por la continuidad de Duhalde-Lavagna con una política muy favorable para el campo argentino. Kirchner también tuvo una política favorable para el campo, especialmente para nuestra región, y creímos que Cristina iba a solucionar los problemas de diálogo que existían entre la comunidad, y también que iba a terminar con los problemas de corrupción que estaban estallando. Que iba a dar una mayor calidad institucional a su gestión. ¡Lo que nunca se nos cruzó por la imaginación es que pudiera tomar una resolución en contra del interior! ¡Que íbamos a ser castigados con este tipo de medidas!
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—Qué raro, ¿no?
—Sí. Es muy extraño. Y lo más extraño es que no nos consulta. Que se tomen decisiones desde oficinas radicadas en la Capital Federal sin ningún tipo de consulta previa con quienes somos los actores permanentes en cada una de las localidades, y que conocemos en profundidad el tema. Podemos describirlo hasta en sus menores detalles. Yo lo hice en una nota que envié el 15 de marzo a la Presidencia de la Nación, al Congreso y al gobernador de mi provincia. Allí, les decía que esta situación iba a generar un conflicto social muy serio, que los productores no se iban a bajar de la ruta y seguramente iban a mantener una protesta muy dura porque tomaban a esta Resolución 125 como un verdadero saqueo. Fíjese usted: hoy, la soja está rondando los 560 dólares la tonelada a nivel internacional. Y cuando pasaba el valor de los 600 dólares, ¡tomaron la Resolución 125! ¡El 95% de cada dólar que superaba los 600 iba para el Estado, y solamente el 5% para el productor! O sea, que la soja iba a quedar establecida en un techo de 900 dólares, pero con algún dato más que es terrible y que resulta incomprensible: que los asesores económicos de la Presidencia no lo hayan advertido. Por ejemplo, un fertilizante como la urea aumentó un 50%. El glifosato (lo que se les coloca a las hojas para combatir distintos bichos) multiplicó por tres su precio. El resto de los fertilizantes que se recomiendan mucho (porque pueden darle a la soja el plus de rendimiento con un buen clima capaz de aumentar entre 5 y 10 quintales el rendimiento por hectárea) ha aumentado más del 300%. Como usted puede ver, nada de todo esto bajó de precio ni se acomodó a los números de la Resolución 125. Todo quedó planteado desde ese lugar.
—¿Cómo fue la repercusión en localidades como Chabás?
—Creo que esto es lo sustancial. Mire, el campo se rebeló. Pero no decimos que el campo se rebeló... solo. Se rebeló con su comuna, su intendencia. Con sus instituciones intermedias, los vecinos, el comercio y la industria. ¿Por qué? Pues porque, de a poco, nos fuimos paralizando. Nosotros apoyamos el reclamo del campo, y con el reclamo del campo fuimos perdiendo la actividad económica, porque al cambiar las reglas de juego (cosa que nadie entendió en el Gobierno nacional hasta el día de hoy), ¡el productor agropecuario perdió la confianza! Y si el productor pierde la confianza, deja de invertir. ¡Y si deja de invertir, la rueda económica, que fue la que en su momento recuperó a la Argentina a partir del 2002, se frena! El boom Rosario deja de serlo y, como me decía un taxista porteño: “Cada día tenemos menos trabajo”... Le voy a ser franco: cuando vengo ahora a la Capital, me impresiona el hecho de que puedo hacerlo con la ventanilla abierta y el brazo afuera. Antes demoraba cuarenta minutos en tomar el acceso hacia la 9 de Julio. Hoy, veo una cuarta parte de autos. Antes, cuando salía de hacer un trámite a las seis de la tarde, tenía que esperar un buen rato a que pasara un taxi. Hoy, los encuentro con facilidad. Los restaurantes ya no están llenos. Se está empezando a sentir este parate.
—Usted cree que se ha ignorado al campo...
—Pienso que, como dicen ustedes, los porteños, al campo se lo ha “ninguneado”. O si se prefiere, se lo ha humillado con las permanentes convocatorias, las vueltas (después de treinta días) sin ningún tipo de respuestas. Con la pirotecnia verbal por ambas partes que ha ido creciendo. ¡En vez de manejar las cosas a través de los racionales, se las ha dejado en manos de los que no lo son! Insisto: de ambas partes. Pero, fíjese bien, aquí la responsabilidad mayor es del Gobierno, que debería ser el factor de concordia. El Gobierno no puede decir: “El campo nos impone...”, ¡cuando es el propio Gobierno el que le ha cambiado tres veces las reglas del juego y le ha pasado del 27 al 35% y del 35 al 44% y luego al 47% el valor de las retenciones agropecuarias! Entonces, el que impone es el Gobierno. Todo esto ha ido creciendo hasta que empiezan a asomar nuevos factores, como el comercio (cada vez más preocupado porque las ventas cayeron entre un 50 y un 60%) o los transportistas de carga, cuyo trabajo fuerte es de marzo a julio. Toda esta situación los dejó parados y con episodios desesperantes, como tener que pedir vaquillonas a los productores para faenar. Y hay algo que la mayoría de los intendentes y presidentes comunales prefieren ni nombrar. Lo cierto es que esos transportistas de carga salieron a la ruta y cortaron absolutamente todo. Allí empezó el otro fantasma, el del desabastecimiento. Nos empezaron a faltar los artículos de primera necesidad. Tanto es así que nosotros armamos nuestro propio plan para poder abastecernos.
—¿Cómo lo lograron?
—Hicimos que los carniceros pudieran faenar con controles; que los tamberos pudieran proveer directamente la leche. Siempre con los debidos controles, claro. Hervirla, por ejemplo. Que el molino harinero que tenemos pudiera venderle directamente a las panaderías, para que no faltara el pan. Lo mismo con la industria aceitera que está radicada en nuestra ciudad. Para los sectores que no tienen gas natural (un 15% de la población), les cortamos leña. Por ejemplo, en las taperas de los campos, y se la traemos para que puedan cocinar y abrigarse. ¡Parece el túnel del tiempo, pero ésta fue nuestra película! Mire usted lo que son las cosas: una localidad que prácticamente no tiene calles de tierra, que tiene servicios en todos los sectores y de la que decimos que es una de las más limpias de la Argentina. Fíjese qué ironía. También somos capital de las producciones alternativas, como arándanos, delicatessen, productos gourmet, chinchillas... en fin, una cantidad de cosas. ¡Y nos caímos en un barranco! Y no solamente Chabás, sino toda la región. El interior del país se cayó en ese barranco...
—Y ahora, ¿son ustedes optimistas en relación con la función que cumplirá el Parlamento?
Salomón guarda silencio y luego, como respuesta, emite un suspiro.
—Su silencio es elocuente, intendente...
—Esperemos que sí. Quiero ser optimista –dice, finalmente–. Lo que nosotros le hemos expresado a los distintos parlamentarios con los que nos hemos reunido (diputados de la oposición, el presidente del Frente para la Victoria, el vicepresidente Cobos) es que los plazos no son elásticos. No pueden pasar más de 15 o 20 días para encontrar una solución. Si no, la gente, que tiene tanta desconfianza, y que vivió estos cien días con tanta angustia y tanto dolor, va a tener una reacción que luego será difícil poder canalizar. El temor es que toda esa pesadilla que estuvimos viviendo, y que absolutamente nadie hubiera imaginado, no termine canalizándose en bronca hacia todos y contra todos

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